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Aguas profundas, la culpa

"Si la vida nos hace navegantes
nos encontramos tripulando
 
en medio de olas danzantes,
Si el rugido del mar nos quiere detener,
el corazón galopante se hace mas valiente.
Pero si ya no se escucha mas
el sonido de la risa entre las nubes
boga mar adentro, sin mirar 
atrás 
Encuentrate, recupera el sentido
despierta a tu latido y respira"

Mientras escribía estas lineas, me encontraba pensando que todos tenemos historias distintas, estamos hechos de memorias únicas. Pero nos une una cosa en común, el mismo transitar, una vida, una oportunidad, un solo viaje. Y en este transitar, no podemos cargar demasiado equipaje con nosotros, el viaje tendría que ser liviano para ser fluido. En este mismo transitar, muchas veces nos anclamos y detenemos nuestro camino en aguas profundas del pasado.

"La profundidad del mar de la culpa, confunde tu camino, retrocedes una y otra vez anclado a los errores del pasado"

Los debería o no debería, cargan nuestras espaldas con creencias absolutas acerca de lo que hacemos o no hacemos. Responsabilizarme de lo que otros son responsables, cargar con la decisión de otros, es un peso que no nos permite avanzar. Nadie es más responsable de su propia vida que uno mismo. Somos 100% responsables de lo que hacemos, decimos y pensamos, por tanto los demás también son 100% responsables de lo mismo con respecto a ellos.

"La culpa no esta en el sentimiento sino en el consentimiento"

LAS PERSONAS QUE VIVEN CON CULPABILIDAD:

·         Viven en constante tensión. La tensión emocional mantenida en el tiempo acaba por afectar al organismo, ya que se altera considerablemente el funcionamiento de las sustancias químicas de la que está compuesto. Por lo que suele ser bastante común que las personas con frecuentes sentimientos de culpabilidad padezcan de estrés y contracturas musculares debidas a la rigidez a la que someten al cuerpo.
·         Se angustian con facilidad. Al sentir que no tienen control sobre sí mismos y su entorno, comienzan a sentir ansiedad. Empezarán a aparecer toda una serie de inseguridades que mermarán su autoestima.
·         Tienden a desvalorizarse y despreciarse a sí mismos. Son muy auto-críticos. Se acaban convirtiendo en sus peores enemigos.
·         Viven acompañados de constantes sentimientos de auto exigencia, perfeccionismo y obsesión, lo que les genera constantes frustraciones y desasosiegos.
·         Tienen miedo a equivocarse o a cometer errores. Están tan centrados en lo que quieren conseguir, que no se permiten errar. Cualquier contratiempo lo considera un fracaso y tienden a auto castigarse a través de pensamientos negativos donde se repiten constantemente lo torpes o poco válidos que han sido.
·         Necesitan tener la aprobación de si mismos y de los demás. Precisan de una constante retroalimentación que ensalce la valía para saber que van por el camino correcto según la propia percepción.
·         Temen al rechazo. Tienen miedo a que los demás los tachen de poco válidos o débiles por lo que siempre estarán intentando dar lo mejor de si para que eso no suceda.

PARA VIVIR LIBRE DE LA CULPA

·         Identifica el sentimiento de culpa y la conducta asociada a él. El primer paso es siempre pararnos a ver qué es lo que nos está pasando, por qué nos sentimos así, qué nos están queriendo decir nuestros pensamientos y emociones en ese preciso momento. Una vez identificado seremos capaz de valorar de una forma objetiva si realmente he cometido un agravio por el que la culpa sea entendible, o si es que mi percepción del mismo no es tan real como yo pensaba.

·         Expresa verbalmente, a las personas perjudicadas o implicas, tu malestar y arrepentimiento asociado al mismo. Hacerles saber cómo te sientes ante lo acontecido es la mejor manera de practicar la comunicación asertiva.

·         Pide perdón para liberarte del peso emocional que comparta la culpa. El perdón implica reconocer el sentimiento de culpa y poder darle una salida emocional saludable que evite que dicho malestar se nos quede anclado en nuestro interior. Además de ayudar en la relación con los demás, al reconocer que no ha sido nuestra intención hacerles sentir mal.

·         Muestra tu intención de reparar el daño, si éste ha sido un daño objetivo. Las palabras si las acompañamos de una acción en concordancia con las mismas, son el camino correcto hacia el equilibrio emocional.

·         Revisemos los errores que consideramos que hemos cometido a lo largo de nuestra vida. Nos percataremos que muchos de ellos ni los recordamos. Hacerlos conscientes facilita observar que la mayor parte no han tenido consecuencias negativas, más allá de la afectación emocional a la que nosotros les hemos abocado. Por tanto, creamos tensiones sobre realidades que no son tan limitantes, siendo nosotros los únicos afectados.

·         Reconozcamos que errar es una característica del ser humano. Es imposible saber todo y hacerlo todo bien, así que tratemos de disfrutar el trayecto sin demasiados agobios.




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