No existe la receta mágica para encontrar la felicidad. Escribir acerca suena tan a cliché como lo es tomarse un te chai y fotografiarlo, no he entendido aún cuál es el mensaje.
Nunca podremos afirmar que encontrar la felicidad es un camino sencillo, o que pertenece sólo a quienes nacen en sábanas de seda, esos príncipes de ropaje dorado y mentón alargado. No podremos afirmar que rodearnos de personas que aparentan ser felices, nos hará felices. Y es que tampoco podemos negar que comprar "Chunches" (Cosas-objetos) nos llenará el corazón de felicidad temporal y pasajera mientras nos vacía poco a poco los bolsillos y la cartera.
Pero ¿Porque estamos tan obsesionados con ser felices?
Vivimos en la época del amor desechable y la apresurada necesidad que nos mete al microondas cada mañana; porque ya no nos detenemos ni siquiera un momento, para dar los Buenos días.
Vivimos en esta baja tolerancia a la frustración que nos convierte en aquellos que no se permiten ni por un segundo estar aburridos, o nos hemos convertido en aquellos que demandan a otros estar y contestar con la ansiedad, de que ha dejado en visto mi mensaje, sin contestar. Porque no nos permitimos desconectarnos del mundo digital, pues hemos virtualizado, nuestra identidad y existencia, únicamente a esos espacios invisibles, queriendo mostrar algo que transmita, que conecte pero que muchas veces solo es un montaje, tratamos de enmarcar cada momento porque deseamos ser vistos a toda costa o ser gustados por todo el mundo. Quizá es nuestra carencia de aprobación o la moda de la aprobación, la que guía nuestras historias instantáneas.
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Me vuelvo a preguntar ¿Estamos obsesionados con una felicidad virtual? ¿Quedará espacio para la realidad?
Buscamos, buscamos, buscamos, sin suerte encontramos.
Pero hemos perdido la capacidad de mirar los detalles, las pequeñas cosas.
La obsesión con la felicidad nos hace perder el sentido
Esta época donde se desecha tan fácilmente el amor y a la vista parece que es fácil encontrar sustitutos. Nos hace perder el sentido que tiene el amor, la amistad, la lealtad, el matrimonio y la paz. En la obsesión por la felicidad la comparación siempre tendrá cabida, visualmente estamos expuestos cada día a presiones de estereotipos sociales, o a un bombardeo de aquellos que nos dicen como vestir o como peinar, que nos hacen creer que algo nos falta. Como si vivieras con un profundo sentimiento de insatisfacción porque no estas completo. Siempre le faltará algo a tu vida, a tu matrimonio, a tu pareja, siempre te encontrarás con algún faltante, con algo que no has logrado conseguir. Puede ser un viaje, puede ser un auto, puede ser una casa, puede ser ... siempre faltará un detalle para completar la fotografía de la perfección.
Esa búsqueda obsesiva de la felicidad se vuelve en realidad, la búsqueda obsesiva de la perfección. No hay margen de error.
Pero que hay si el matrimonio esta hecho de errores y aciertos, podría decirte que después de diez años he descubierto que esta humanamente lleno de errores. Porque todos cometemos errores todos los días pero eso no hace desechable el amor, dicen los viejos; lo vuelve más fuerte.
¿Estamos obsesionados con la perfección? o eso que pensamos que es perfección solo es un simulador virtual en un era digital donde las máscaras y las apariencias reinan.
Definitivamente, estamos buscando algo que pensamos que es felicidad. Nos agobia la búsqueda y nos llena de miedo no encontrarla. Pero, estamos perdiendo la capacidad de mirar los detalles, las pequeñas cosas, nuestra realidad llena de imperfecciones, quizá no tan pulcra como un filtro en snapchat nos promete. Estamos perdiendo la capacidad de agradecer esos singulares momentos de aburrimiento donde puedo encontrarme a mi mismo sin fachadas y sin miradas encima. Dejamos de agradecer aún esos momentos de silencio donde no escucho a nadie y nadie me escucha, no siempre tengo que estar hablando. Dejamos de valorar las arrugas en nuestra cara y las canas sobre nuestros cabellos, porque eso nos recuerda lo rápido que pasa el tiempo. Dejamos de abrazar esos momentos en que somos ignorados o inclusos rechazados, pues son tiempos donde podemos replantearnos donde estamos y a quien llevamos cargando en el equipaje viejo. Dejamos de enfrentar nuestra realidad ante el espejo, si has perdido peso o lo has ganado, para verdaderamente aceptarnos tal y como estamos, tal como somos. Dejamos de atesorar esos momentos en que hay chance de desayunar en la casa y mirar los detalles como que tu hijo come de la misma forma que tú, cuando de omellete con champiñones se trata, primero picando con el tenedor los champiñones y dejando el resto para el final. Dejamos que la vida corra tan rápido como va, pensando que no hay fragilidad en nuestros días y que todo es eterno, mientras que nos vamos acercando cada día a un final inesperado pero esperado al mismo tiempo. Obsesionados con la felicidad y la perfección, no nos damos cuenta que la felicidad se comparte entre los que igual de imperfectos buscan esos momentos de eterno resplandor. No pierdas de vista los detalles pequeños, insignificantes pero que están ahí. No te prometo que te harán feliz, te prometo que te harán real.
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